Qué es la Filosofía Montessori

Es criar y educar para la vida. El enfoque pedagógico que desarrolló María Montessori es una propuesta que pone en el centro de la escena a la infancia, dedicándole una mirada profunda y sensible. La educación en cualquiera de sus propuestas debería atender a las necesidades del presente.


Acompañamos a niñas y niños en su crecimiento a revelar el mundo, a decodificarlo, a descubrir lo maravilloso que tiene para mostrarnos. Lo hacemos de una manera diferente, trabajando desde lo real y concreto a lo abstracto. De manera sensorial para que puedan explorar, oler, tocar, sentir, mirar para poder comprender los distintos procesos. María Montessori invita a ser protagonistas del aprendizaje, ir en busca de lo que consideramos importante, ya que el conocimiento ingresa por las manos, pasa por el corazón y luego llega al intelecto, con lo cual ha de ser significativo y aportar a la gran tarea del niño y de la niña que es autoconstruirse, autoconstruir al hombre y a la mujer que serán luego.

Por eso es que la Dra. Montessori diseñó ambientes preparados, que den ganas de entrar y de quedarse. Romper con la estructura escolar de las salas y lograr que aprender sea un deleite, un gusto, que reine el interés, la libre elección, la alegría, los buenos tratos. Un lugar en donde te puedas sentar a leer un bonito libro, donde haya plantas, cuadros, adornos, alfombras, todo esté al alcance de niñas y niños, materiales, lupas, objetos naturales, rompecabezas, números, letras, globos terráqueos, risas, silencios, llantos, gritos, pero todo eso como parte de un proceso de construcción de personalidades y gestión de emociones. 



Todo parece muy adecuado y lindo cuando lo leemos, pero ¿qué sucede en la práctica? La Dra. Montessori: médica, pedagoga, filósofa, antropóloga, entre otras disciplinas, desarrolló una serie de materiales muy específicos que se dividen en áreas: Vida práctica, Sensorial, Lenguaje y Matemática. También existen las llamadas extensiones del lenguaje. Allí trabajamos educación visual, música, ciencias, experimentos, geografía, historia, biología... el ambiente exterior también está presente. Todo cuanto sea real, necesario e interesante para los niños lo hacemos presente en el ambiente dentro del cual buscamos trabajar con edades integradas.

La persona adulta que guía y acompaña hace más preguntas que las respuestas que da. Es creador, cuidadora, provocador del intelecto, observadora, respetuoso, empatiza y protege. Es guardián de los aprendizajes, de los sentimientos y de los procesos que suceden en los ambientes. Si nos preguntamos, cuál es la respuesta correcta, NO HAY. El niño la tiene que descubrir, y para permitir estos procesos, el adulto debe relegarse y ser humilde. Sí debemos preguntarnos ¿de quién es la necesidad? al momento de observar o intervenir. Toda acción del niño que tenga un propósito inteligente debemos observarlo sin interrumpir.

En el enfoque Montessori los ambientes y clases se estructuran de la siguiente manera:

Nido; desde el nacimiento hasta que caminan.

Comunidad Infantil; desde que caminan hasta los 3 años.

Casa de niños; 3 a 6 años.

Luego los talleres I y II para la primaria. De 6 a 9 y de 9 a 12

La granja o nivel secundario. De 12 a 18


Cada ambiente tiene determinados componentes para el desarrollo psíquico, físico y emocional, para mi, el más importante es el que siempre vamos a encontrar en una comunidad de niñas y niños; La Persona Adulta.

Además, trabajamos con edades mezcladas, siendo un reflejo de la sociedad misma; en la vida no nos relacionamos solamente con personas de nuestra misma edad, sino que estamos todos juntos, conviviendo. Dentro de los ambientes Montessori sucede lo mismo, convivimos y entonces hacemos un ensayo de ese mundo que está allí afuera, de manera que contribuimos a esa adaptación y no lo contrario. Pedimos ayuda a quienes ya tienen más experiencia y ayudamos a los que recién llegan, así formamos una <<comunidad viva>>[1] sin idealizar el silencio.

Se crean ambientes desafiantes, relajados, con miradas que guían y acompañan los aprendizajes de cada ser en desarrollo, sin apuros, con calma, pero con objetivos claros y definidos cultivando el amor por aprender y ser mejores personas, en busca de otras maneras de aprender y relacionarnos, desde el amor y de lo que cada persona PUEDE.

La Educación Montessori, más allá de sus ambientes y materiales tiene que ver con un cambio actitudinal del ser, cambiar la mirada hacia la infancia, confiar en nuestros niños y darles las herramientas que necesitan para ser ellos mismos los dueños y los protagonistas de su proceso de aprendizaje y crecimiento. A su ritmo, con aquello que necesitan y les interesa. Y los adultos ser meros guías y acompañantes de ello, humildes y respetuosos. Por lo tanto, Montessori, como filosofía de vida, puede transitarse en todos los entornos. En todos los colegios que busquen acompañar el crecimiento de una manera distinta, más amorosa y coherente, en escuelas no convencionales o espacios pedagógicos, en consultorios, en talleres para niñas y niños, y necesariamente en casa, ya que consta de tres factores, de menor a mayor importancia, los materiales, el ambiente preparado y la persona adulta preparada, y este último es el que se encuentra en todos los ámbitos y del que más necesitamos. Aspiramos al alineamiento[2] de adultas y adultos, en favor de la comunidad en sociedad, del bien común y de la infancia.




“No somos responsables de lo que hacen los niños, más, sí somos responsables de cómo respondemos a lo que los niños hacen”.


Hannah Levan


















[1] Hay movimiento continuo y zonas de tranquilidad en su medio. Hay risas y conversaciones, el sonido de materiales concretos en acción, el incesante zumbido de la vida de los niños reales, vivida de acuerdo con sus propias leyes de desarrollo y su ritmo individual. Rebeca y Mauricio Wild en “Educar para ser”


[2] Alineamiento es el mejor término que encontré para referirme a la integración entre pensar, sentir y actuar. Ana Thomaz en “Más allá de la escuela”